Opinión de un asociado: La "Nueva Normalidad" en las empresas

Actualizado: jun 10

A continuación, les compartimos un artículo escrito por nuestro asociado Mtro. Emanuel Gustavo Inserra, Director de Vinculación del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (IPICYT), el cual extiende a todos nuestros asociados y nos ayuda a entender cómo se trabajará en las empresas, tomando en cuenta el contexto de la nueva normalidad.



Se ha hablado mucho de la “nueva normalidad” y la cotidianeidad que enfrentaremos una vez que se terminen las medidas de confinamiento.


En teoría, solo cuando la vacuna esté disponible y haya sido aplicada a un porcentaje muy alto de la población (depende de cada enfermedad, pero para la inmunidad de grupo se requiere aproximadamente un 85/90% de la población), podremos volver a la “vieja normalidad”. Sin embargo, para esto puede pasar un tiempo.


Un ejemplo, en el caso del sarampión fueron necesarias campañas muy agresivas de vacunación entre 1986 y 1990, denominadas FIAVAS (Fases Intensivas de Vacuna antisarampión) y la creación de Programa de Vacunación Universal en 1991 para la desaparición de defunciones por esta causa hacia el último lustro del siglo. Claramente, los tiempos han cambiado y esto no quiere decir que se requerirán 10 años para controlar la epidemia, pero seguramente unos 2 o 3 años, ya que estamos hablando de entre 105 y 110 millones de inmunizados o vacunados en México.


Mientras tanto, tendremos que acostumbrarnos a esta nueva normalidad, tanto en nuestra vida personal como en la empresarial. Aún no está del todo claro que significa o que acciones deberán ser implementadas, pero una cosa es segura: las medidas de distanciamiento social llegaron para quedarse. Así que, ¿cómo afectará esto a las empresas?



Pensemos primero en corporativos, profesionistas, todos los tipos de call center, oficinas administrativas, etcétera (las líneas de producción, por lo general, están distanciadas o se pueden distanciar). En algunos casos, se podrá utilizar capacidad ociosa o reorganizar espacios (en detrimento de otras áreas, como producción o verdes) para redistribuir al personal manteniendo la sana distancia. Incluso la renta de oficinas temporales o la expansión por compra, pero honestamente serán los menos, particularmente en una fase de recesión y crisis económica.


La gran mayoría de estas empresas tendrá principalmente 2 grandes opciones: por un lado, implementar un programa de home office; por otro lado, la reducción de la jornada laboral.


En estos meses, casi todos hemos probado el teletrabajo o trabajo a distancia, se han desarrollado o adaptado múltiples herramientas tecnológicas, hemos sido capacitados, hemos ganado experiencia y compartido buenas prácticas. Ciertamente la adaptación ha sido difícil, pero muchas empresas que implementaron el home office para seguir laborando durante el confinamiento por la pandemia de Covid-19 han visto mayor productividad. Por el otro lado, trabajadores que eran reacios o escépticos a laborar por vía remota ya han encontrado su ritmo. A esta altura casi todos hemos escuchado frases del tipo “trabajo igual o más, pero puedo administrar mejor mi tiempo”. Además, las nuevas generaciones de trabajadores (millennials, Z, centennials) se sienten como pez en el agua.



En cuanto a la segunda opción no tenemos mucha experiencia en México. Sin embargo, una prueba piloto reciente realizada por Microsoft en Japón, encontró aumentos de productividad de hasta el 40% y reducciones en costos de hasta el 29%. La prueba consistió en una semana laboral de 4 días, reducción de reuniones y del tiempo de reunión, así como una campaña para reducir el tiempo respondiendo emails. Otra prueba similar en Nueva Zelanda incrementó la productividad un 20%, redujo los niveles de stress del personal y aumentó la satisfacción del personal un 78%. No obstante los buenos resultados, algunos equipos de trabajo sufrieron picos de stress debido a cargas de trabajo o fechas de entrega, por lo que esta prueba sirvió también para conocer qué equipos eran incapaces de disfrutar de la reducción de la jornada laboral.


El gran desafío para las empresas será encontrar, dentro de la amplia gama de combinaciones entre estas opciones, aquella que maximiza la productividad o la reducción de costos. Almacén y Compras podría trabajar 3 o 4 días a la semana, modificando los días de recepción de materias primas y atención a proveedores (con una buena planeación y en coordinación con el área de producción). Los cuadros gerenciales quizás podrían alternar entre trabajo en casa y en la oficina, mientras que el personal operativo podría beneficiarse de una jornada reducida. Ventas podría realizar el seguimiento de clientes desde casa y concentrar la planeación estratégica en días fijos en la oficina.


Estas estrategias deberán establecerse atendiendo a la dinámica organizacional, su idiosincrasia y el mercado en el que opere. No existen fórmulas mágicas y seguramente será un proceso de prueba y error hasta llegar a un resultado satisfactorio.


Cabe mencionar que estas alternativas no son nuevas. Son lo que los economistas llamamos macrotendencias o tendencias globales. Es decir, factores demográficos, políticos, económicos, tecnológicos, ambientales o sociales sobre el comportamiento futuro de variables clave que caracterizan a las sociedades, a las organizaciones y a los individuos. Más temprano que tarde iban a instalarse. La pandemia solo aceleró la tendencia.


Pensemos ahora en restaurantes, cines y teatros, organización de eventos, espectáculos deportivos, bares, antros y, en general, todos los giros donde la distancia social afecta directamente al corazón del negocio: los clientes.


En cada rubro se deberán tomar diversas medidas (reducción del aforo máximo permitido, mayor distancia entre mesas o butacas, acceso limitado, entre otras) pero todas tendientes a lo mismo: más metros cuadrados por persona. En estas empresas, esto puede significar la quiebra.


Tenemos a la mano una referencia de mercado: en las salas VIP del cine, donde se dedican más espacios por espectador, el precio es aproximadamente del doble. Y he aquí el dilema. Incrementar los precios en una fase de crisis económica y falta de liquidez es virtualmente un suicidio. Mantenerlos con una demanda reducida (la mitad de espectadores por función, el 30% de mesas ocupadas, un vive latino con 5 o 6 mil asistentes) es trabajar a pérdida o, en el mejor de los casos, al costo. Es decir, el margen de acción para modificar los precios a una demanda acotada es limitado.


Entonces, ¿qué opciones tenemos? En primer lugar, trabajar sobre los costos de los servicios actuales. Esto depende de cada rubro, pero algunos ejemplos: modificar los menús de restaurantes incluyendo platillos de menor costo de elaboración; cambiar el elenco en las obras de teatro (lo bueno, quizás veamos un renacer de viejos actores); nuevas bandas en festivales y solo una o dos “taquilleras”.


En segundo lugar, como siempre ha sido el sustento de los negocios, la innovación. Nuevos servicios, aprovechando especialmente las nuevas tecnologías. No me refiero únicamente a Uber Eats. Por ejemplo, el Metropolitan Opera House de Nueva York ofrece planes de acceso en vivo, en HD, a sus funciones con extras, como entrevistas detrás de cámara a los artistas. Las franquicias deportivas en Estados Unidos manejan toda su boletería con abonos por temporada, pero con un mercado secundario legal que permite revender, de manera segura, los partidos que no me interesan o no puedo asistir, lo que los hace muy atractivos incluso como inversión. Si bien en México existen los abonos, su intransferibilidad los hace muy poco atractivos, excepto para los principales aficionados. Un pequeño cambio puede incrementar sustancialmente los ingresos de los equipos.


Pero incluso podemos trabajar, en un mediano plazo y a nivel de cámaras, para promover cambios sociales o normativos que faciliten la forma de hacer negocios. La tradición española de “ir de tapas” no solo distribuye el consumo entre más bares, sino que reduce la cantidad de gente dentro de los lugares, al estar más en la calle. Los partidos de futbol podrían reducir el tiempo reglamentario, aumentar la rotación de jugadores (más cambios permitidos) y así jugar más partidos por semana, lo que incrementaría la cantidad global de asistentes.


En resumen, como alguien dijo, toda crisis trae oportunidades. Es tiempo de redoblar los esfuerzos, de ser creativos, de buscar alternativas. Seguramente no serán tiempos fáciles, pero con ingenio y esfuerzo podremos salir adelante y seguir generando valor para nuestros clientes, nuestro estado y nuestro país.

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