Mensaje navideño del presidente


Estimados socios esperando que el próximo año nos llene de bendiciones y deseando lo mejor para ti y tu familia, te comparto parte de este bello texto de Gabriel García Jolly que ojala te conduzca a una interesante reflexión.


Lejos de nuestros seres queridos, con más angustia que gozo, sin fiestas pero sí con un futuro incierto, en medio de lo que se antoja la búsqueda de un establo mientras vagamos a la intemperie, esta Navidad se parece más a la original. No es Herodes y sus huestes quienes acechan, sino un enemigo invisible que igualmente ha matado inocentes y nos ha forzado a un exilio temporal —aunque no por ello menos doloroso—.


Y qué bien. Quizá nos hacía falta despojar de tanto frívolo oropel y deshacernos de tanta liturgia superflua para volver a los orígenes y recobrar el sentido de la historia navideña —que va más allá del religioso—, viéndola y viviéndola en su núcleo más prístino y esencial. El costo, sin duda, ha sido demasiado elevado. En vez de aprovechar incontables temporadas navideñas, en épocas más prósperas y esperanzadas del pasado, para tomarnos el respiro que permite la pausa del final de año y sentir y gustar internamente el reposo emocional que suscita, hoy, el encierro autoimpuesto, la distancia forzada y el luto violentado sobre nosotros nos obliga a hacerlo.


Más vale tarde que nunca. A lo mejor ya era hora no sólo de reevaluar la «Navidad» de consumo y ajetreo, sino también de contrarrestar el cinismo de quienes se ufanan de «Grinches» o de quienes tenemos la tentación de volvernos uno. Porque, ciertamente, la potente historia de una muchacha encinta y desposada con un pobre carpintero angustiado y lleno de dudas, que no son acogidos por nadie en pleno frío invernal ni auxiliados en una emergencia de salud como un parto, que tienen que conformarse con paja y estiércol y que enfrentan la persecución y la indigencia; o de un Niño cuya sola presencia, fragilísima, amenaza ya a los poderosos del mundo y augura una nueva era… no debería dejar indiferente a nadie decente ni medianamente listo. No es algo digno de burla ni de antagonismo —a menos que se asuma uno en el papel de Herodes o Pilato—, pues tampoco tiene nada que ver ni mucho menos equivale a una inercia vana de gasto y consumo, de sonrisas falsas y regalos por cortesía, campañas publicitarias y rituales vacíos…


Al contrario, la Navidad pretende subrayar el coraje en la adversidad, la fortaleza en la fragilidad, la esperanza en la incertidumbre, la solidaridad en la de