Opinión de un asociado: "Inversiones y protección en épocas de Pandemia..."

Actualizado: 7 de jul de 2020

¿Por qué pensar hoy en estos temas?

Todo el mundo habla de los estragos que ha causado y que seguirá causando la actual pandemia, y de los impactos tan fuertes en las economías globales.


Centrándonos en México, no existe hecho, que marque un punto inicial en la historia de toda esta decadencia financiera, pero en efecto, el COVID-19 representó una sacudida abrupta en todos los sentidos, y para todos los sectores económicos, desde los niveles macros hasta los micros, en empresas de extracción, manufactura y producción, hasta las áreas de servicios y emprendedurismo.


Finalmente, todo esto recae en un protagonista, que resulta que somos cada uno(a) de nosotros(as), y en las finanzas personales, que conllevan el bienestar y crecimiento propio y de nuestras familias.


Lastimosamente en México, nuestra cultura financiera y de planificación es pobre, y eso nos hace frágiles ante cualquier eventualidad. La Bolsa Mexicana de Valores, lo describe como una “falla de mercado” que contrarresta el crecimiento y desarrollo económico del país. (1)


Y esto es evidente tras conocer estadísticas como que únicamente el 44 por ciento de los mexicanos cuentan con algún mecanismo de ahorro, y solo el 15 por ciento ahorran de manera formal. (1)

35 de cada 10 mil personas invierten directamente en bolsa y apenas el 36 por ciento lleva control de sus gastos. (2)

Según la Asociación Mexicana de los Agentes de Seguros y Fianzas (AMASFAC) poco más del 8 por ciento de la población cuenta con gastos médicos mayores, es decir, más o menos 110 millones de mexicanos no tienen esa protección. (3) Sumado a que 8 de cada 10 personas tampoco cuentan con un seguro de vida. (4)

En nuestro país, la penetración del seguro representa únicamente el 2.3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), cuando en los países como Reino Unido, Irlanda y Estados Unidos representa entre un 11 y 13 por ciento de cobertura del PIB de cada uno de ellos. (5)


La realidad es que todo el tema con relación a la desviación del riesgo y protección, en su mayoría se sigue considerando como un gasto y no como lo que realmente es: una inversión que evita la pérdida del patrimonio ante situaciones futuras e impredecibles.


El mundo de las inversiones hoy representa, el camino ideal para llegar a ser financieramente libres, y aunque pareciera que una pandemia representa un enorme riesgo, la realidad es que, hablando de planes o instrumentos con tasas variables a largo plazo, es una gran oportunidad de adquirir unidades accionarias a precios de “oferta”, considerando las caídas mundiales que tuvimos desde marzo de este año.


Y justo ahora, en momentos como este, es cuando un plan de ahorro-inversión podría haber sido la salvación para miles de personas y negocios. En el caso de los (las) empresarios(as), el tener instrumentos de inversiones líquidas les ayudarían a por lo menos solventar los gastos fijos.


La gente que lamentablemente ha sido contagiada por COVID-19 y ha requerido atención hospitalaria, que según datos de la AMASFAC pueden elevarse hasta los 700 mil pesos, si es ingresada a terapia intensiva; si se cuenta con un plan de gastos médicos mayores que les ayude a solventar los gastos, representa por mucho, una preocupación menos.


Ahora, considerando las 27,769 muertes a causa del COVID-19 registradas al 30 de junio del año en curso, por la Secretaría de Salud (6); cuántas familias han quedado desamparadas por la pérdida del principal sustento del hogar, y en su mayoría, al no haber tenido un seguro de vida, sufrirán un desequilibrio económico por lo menos en los próximos 5 años.


Aquellas personas que disminuyó su ingreso hasta un 50 por ciento e incluso más, ya sea como colaboradores dentro de una empresa o por las bajas ventas de sus negocios o empresas, e incluso al ser profesionistas independientes; han vivido en carne propia lo que podría llegar a ser la etapa de su retiro si desde hoy no planifican y ahorran para ese momento.


Por otra parte, nuestra cultura financiera y de planificación también se ha visto opacada debido a ideologías viciadas, tales como: “No pasa nada“, “Dios proveerá”, “Que mis hijos me mantengan”, “Me lo compro, para eso está la tarjeta de crédito”, “No ahorro porque no me sobra dinero”, “Yo nunca me enfermo, y mi familia tampoco”, “Para invertir se necesita mucho dinero”, entre otras.